22 Auguri
Relato
Miro el despertador: 05:24. Un sonido, que no sé bien de dónde viene, consigue despertarme. Me levanto y camino hacia la cocina, quizás el sonido salga de algún grifo mal cerrado. Entre bostezos reviso los grifos e intento frustradamente apretarlos más.
Vuelvo hacia la cama para aprovechar la hora y media que me da de margen el despertador, pero justo antes de pasar el marco de la puerta vuelvo a oír el mismo sonido. Ahora, algo más despierto, consigo descubrir que el sonido es parecido al de una sierra que trabaja delicadamente, o mejor, a una lima que está acabando de perfilar la silueta de algún objeto. Levanto una ceja y mi corazón empieza a acelerarse; soy un poco miedica, aunque jamás lo confiese, y vivir solo no ayuda.
Imagino que procederá de la calle o del patio interior, pero mis indagaciones me demuestran que no hay ni un perro en la calle y que los pocos vecinos que aún aguantan el calor de Madrid duermen como hacía yo 10 minutos antes. Extraño.
De pronto me doy cuenta de un hecho revelador: habìa escuchando el sonido cuando estaba en la cama, al ir a la cocina, al salir al balcón... bingo, era yo, el sonido salía de mí. Pero, ¿de dónde?; sólo llevaba los calzoncillos que me regaló la que se fue y me hizo más fácil lo de dormir con 30º en la calle. Voy rápidamente al WC, me los quito e inspecciono la zona sin encontrar, afortunadamente, la fuente del maldito sonido. Harto, desesperado y pensando que es otra de mis alucinaciones levanto la cara y me miro en el espejo, donde me veo reflejado y donde advierto mi mandíbula especialmente tensa.
Ya lo tengo. Son mis dientes que chirrían.
Vuelvo hacia la cama para aprovechar la hora y media que me da de margen el despertador, pero justo antes de pasar el marco de la puerta vuelvo a oír el mismo sonido. Ahora, algo más despierto, consigo descubrir que el sonido es parecido al de una sierra que trabaja delicadamente, o mejor, a una lima que está acabando de perfilar la silueta de algún objeto. Levanto una ceja y mi corazón empieza a acelerarse; soy un poco miedica, aunque jamás lo confiese, y vivir solo no ayuda.
Imagino que procederá de la calle o del patio interior, pero mis indagaciones me demuestran que no hay ni un perro en la calle y que los pocos vecinos que aún aguantan el calor de Madrid duermen como hacía yo 10 minutos antes. Extraño.
De pronto me doy cuenta de un hecho revelador: habìa escuchando el sonido cuando estaba en la cama, al ir a la cocina, al salir al balcón... bingo, era yo, el sonido salía de mí. Pero, ¿de dónde?; sólo llevaba los calzoncillos que me regaló la que se fue y me hizo más fácil lo de dormir con 30º en la calle. Voy rápidamente al WC, me los quito e inspecciono la zona sin encontrar, afortunadamente, la fuente del maldito sonido. Harto, desesperado y pensando que es otra de mis alucinaciones levanto la cara y me miro en el espejo, donde me veo reflejado y donde advierto mi mandíbula especialmente tensa.
Ya lo tengo. Son mis dientes que chirrían.
Posiblemente
Posiblemente me haya equivocado en muchas cosas. Posiblemente me haya dado cuenta pero no haya sabido como arreglarlo. Posiblemente nunca vuelva a ser lo mismo, ni parecido. Posiblemente sea mejor. Posiblemente no. Posiblemente no fuera posible. O sí, quién sabe.
Posiblemente las posibilidades eran pocas. Posiblemente las intenciones muchas. Posiblemente las frustraciones más. Posiblemente te dé igual. Posiblemente me dé igual que te dé igual. Posiblemente mienta. O no, quién sabe.
Posiblemente pienses que hablo de otra cosa.
Posiblemente no, seguro.
Posiblemente las posibilidades eran pocas. Posiblemente las intenciones muchas. Posiblemente las frustraciones más. Posiblemente te dé igual. Posiblemente me dé igual que te dé igual. Posiblemente mienta. O no, quién sabe.
Posiblemente pienses que hablo de otra cosa.
Posiblemente no, seguro.
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