Solamente te das cuenta de lo que vale algo cuando te falta, cuando se ha ido y sabes que no volverá. Sólo aprecias lo importante que es tener ascensor cuando vives en un sexto piso y vuelves cargada hasta las cejas del supermercado. Muchas veces el sitio que ha dejado lo que ya no está es rellenado con otra/s cosa/s y el sentimiento de carencia se camufla o incluso desaparece. Eso siendo optimistas. Pero está claro que conseguirlo es difícil.
De hecho hay veces en las que el hueco que deja el desaparecido permanece y acaba por llenarse de polvo. Vacío y sucio, dos veces malo. Miras y ves que ya no está, ves que no hay nada y eso hace que pienses que estuvo pero que, sobre todo ahora, se ne sono andati.
Yo hoy me he dado cuenta de lo importante que es que el ascensor funcione cuando vives en un sexto piso y vuelves de hacer la compra. Y encima por partida doble. Todo esto, gracias al hueco que ha dejado en la nevera un trozo de mero que he pagado pero que no estaba al llegar a casa. Parece insignificante pero mirad si ha dado de sí.
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