
Odio Metrovalencia. Odio que un servicio tan necesario ofrezca una relación calidad-precio tan injusta. Odio que se le llame metro cuando, por su frecuencia, no es más que un tren de cercanías. Odio que no conozcan la escala de grises que hay entre el extremo negro "chorro de aire acondicionado mata-gargantas" y el extremo blanco "efecto envasado al vacío: muerte por insuficiencia respiratoria". Odio el timo legal que cometen al cobrarte 1.80€ (300 pesetas!) por un billete sencillo. Odio que el último metro pase a las 23.09 (y el anterior a las 22.25) y que a pesar de ello sigan animándote a ¡usar el transporte público!
Odio también que, en algunos tramos, las vías sean individuales y haya que esperar a que llegue el otro tren para hacer el cruce (en esto el odio es compartido con Murphy porque siempre voy en el metro que llega antes y tiene que esperar al otro). Odio que sólo ahora piensen en que quizá es menos peligroso (y que, por otro lado, se evitan problemas de crono) si el metro es completamente subterráneo en lugar de parcialmente subterráneo.
Odio las encuestas que te hacen en las estaciones y en las que todo el mundo pide lo mismo. Las odio porque son inútiles y te hacen perder el tiempo y la esperanza de que quizá el cambio puede llegar. Odio que las cosas puedan hacerse bien pero no se hagan. Odio la santa huelga de los maquinistas que ha perdido todo el sentido (yo apoyo la huelga "puertas abiertas" que, en vez de reducir el servicio al 33%, se manifetaría dejando pasar a todo el mundo gratis. Seguro que "los de arriba" les escucharían más rápidamente. Pero quizá el problema es que lo que piden es más una reducción de horarios que un aumento de sueldo).
Odio que Metrovalencia sea una mierda tan pura y tan dura.