El tema 'canción del verano' vuelve a irritarme. Ya no porque exista, total es el pan de cada verano, sino porque parece que la lucha entre todos estos grupos por sonar el máximo de veces posibles en las emisoras más refrescantes adquiere un carácter bucle muy cansino. Y no es porque salgas y el dj de turno las ponga, sino porque como se te ocurra poner la radio desde un trayecto A a un trayecto B es probable que oigas la misma canción un mínimo de 3 veces y un máximo de indefinido.
La oreja de Van Gogh, el Sueño de Morfeo, el Canto del Loco.
La caca de la vaca.
Nor-fucking-mality?
Después de un cambio de ubicación siempre llega una época de adaptamiento. En ese punto me encuentro yo. Desde que volví y declaré iniciadas mis vacaciones mi vida se convirtió en algo parecido a lo que le sucede a un WC si estiras de su cadena. Tiempo en forma de espiral que me ha ido llevando de una parte a otra (y nunca mejor dicho) y que después de tragar con mucho ha vuelto a su nivel de agua inicial y a su calma habitual.
Y como la mujer también es un animal de costumbres y de las costumbres nos cansamos tarde o temprano me apetece más que nunca que todo se calme, no tener mil cosas que hacer al día, aburrirme y pensar en qué hacer para matar el tiempo. De todas formas, conociéndome, tampoco duraría mucho así.
Contradicciones, que no paradojas, como me explicaba una buena amiga.
Y como la mujer también es un animal de costumbres y de las costumbres nos cansamos tarde o temprano me apetece más que nunca que todo se calme, no tener mil cosas que hacer al día, aburrirme y pensar en qué hacer para matar el tiempo. De todas formas, conociéndome, tampoco duraría mucho así.
Contradicciones, que no paradojas, como me explicaba una buena amiga.
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