Lunes, sangre.
Estoy un poco 'till the balls de sentirme como una rata los lunes por la mañana. Después de 23 años, es hora de aceptar que, irremediablemente, después del domingo llega el lunes. Y más vale que llegue. La percepción de las cosas va cambiando y no siempre para mal. De hecho, antes veía los domingos como un plato de mal gusto (atún con nocilla) mientras que ahora me ofrece momentos en los que me regocijaría, como un cerdo en el barro (no aplicable literalmente).En cuanto sueltas un poco el acelerador las revoluciones van a menos y, si no pisas el embrague, el coche se te cala. Tan inevitable como lo de los lunes o como que te salgan canas. Y mira que es fácil entenderlo, pero hay cosas que ignoras y a las que siempre puedes alegar que nadie te las había dicho, por muy obvias que parezcan. ¿Quién y por qué puede aplicar el poder de la presunción cognitiva del otro? Aunque a veces y algunos se molesten por lo contrario.
No hay reglas, no hay modelos a seguir. La experiencia es la madre y pare para cada ocasión. Sin exceptuar ninguna, sin abortos. Cada historia que se plantea tiene un desenlace y llega antes o después (incluso tarde), pero llega siempre. Lo bonito es ser el escritor y personaje de la propia historia. Sea cual sea el fin, acabe o no en festín.

