El viernes pasado acompañé a mi madre a ver a su padrino. Por culpa de la Pereza y la Excusa, hacía ya un montón de años que no se veían y la lección nos ha enseñado que no se puede dejar para mañana lo que debes hacer hoy. No es exactamente así el refrán pero a mí me sirve. Desde la muerte de mi abuelo, mi madre no dejaba de decirme que quería ir a verle porque le acababan de operar y que por esa razón no había podido venir a despedir al que fuera mecánico tornero junto a él durante gran parte de su vida, mi abuelo.Pasamos la tarde es un salón estupendo, acogedor como pocos, escuchando información inédita sobre la juventud de mi abuelo, sobre cómo conoció a mi abuela y se lanzó a su conquista, sobre cómo este hombre, llevado por la broma, la incredulidad y el instante, prometió a mi abuelo que, si se acababa casando con ella, él sería el padrino de su primogénito. Esa sería mi madre, la que hoy se sentaba frente a él y le presentaba, a la vez, a su primogénita, yo.
Todas las cosas que nos contó, llenas de nombres, fechas, detalles, me hicieron darme cuenta de que, con toda probabilidad, la gente que tengo a mi alrededor y con la que comparto el presente será un punto de anclaje, en el futuro, hacia mi pasado, para toda la gente que no comparte conmigo el hoy pero que formará parte de mí inevitablemente. Para las personas que no saben lo que soy ahora y que quizá se pregunten como llegué a ser lo que seré dentro de unos años.
Yo ahora canto con mi padre "Smoke on the water, fire in the sky." We're burning now.
