La meteorología es muy injusta. Te pasas toda la semana trabajando y añorando desde tu silla un poco del sol que reluce por la ventana y cuando llega el fin de semana tienes que aparcar tus planes al aire libre porque el cielo está sensiblón. Ya sé que la culpa no la tiene la ciencia que estudia la atmósfera, porque si va a llover, va a llover igualmente, pero no puedo evitar cargarle un poco de negatividad al mensajero de la mala noticia.Los políticos hacen otras cosas a parte de tirarse mierda en el Parlamento, encubrir a sus propios espías y causar crisis diplomáticas con decisiones inexplicablemente precipitadas. Algunos cuentan batallitas en la Univerdad, muchos trabajan en los bancos (A.K.A neo-verdugos financieros) y unos pocos calientan el ambiente de las tertulias y debates. En mí se ha despertado, recientemente, un interés culinario que no quiere esperar. Me apetece liarme la manta a la cabeza y la manga pastelera a la mano. Ha resultado ser una actividad bastante gratificante eso de juntar varios elementos y acabar creando algo bonito y que sabe tan bien que no te da ni pena que "desaparezca". Algo así como Saturno comiéndose a su hijo pero con sabor a chocolate, yogur o bizcocho.
Por suerte, esta actividad no depende de condiciones climatológicas, así que siempre es una buena opción si te quedas sin poder explorar el nuevo carril-bici hortense por culpa de las nubes.
A recordar: bizcocho 123: 1 de aceite, 2 de azúcar, 3 de harina. Y huevos, eso siempre.
Por suerte, esta actividad no depende de condiciones climatológicas, así que siempre es una buena opción si te quedas sin poder explorar el nuevo carril-bici hortense por culpa de las nubes.
A recordar: bizcocho 123: 1 de aceite, 2 de azúcar, 3 de harina. Y huevos, eso siempre.
