Das Experiment
La última vez que me corté el pelo fue en Navidad, cuando volví a casa. De eso ya hace 3 meses aproximadamente, y en todo este tiempo, evidentemente, no me ha dejado de crecer.
Mi flequillo ha pasado a ser un mechón de pelo que ocupa el lado izquierdo de la cara y al que muchas veces, estando en casa, mando de paseo con un gancho; el escalonado está perdiendo su personalidad; el color se sigue oscureciendo, como me pasa cada invierno. Llega a su punto álgido durante estos meses, cuando la lluvia y la época de exámenes me deniegan el acceso al sol; con abril-mayo llega el declive, llegan las ‘mechitas’ que tanto gustan a mi madre. “Así estás más mona”. Ejem.
Normalmente me suelo cortar el pelo unas tres veces al año. No soy de las que se dejan lo ganado en el pelo, ‘porque yo no lo valgo’. De hecho, le haga lo que le haga, él es como es. La cuestión es que desde enero no me lo he cortado, y dudo que lo haga antes de volver, es decir, antes de julio. 7 meses sin que la tijera salude a mis puntas, que claro, se procrearán (por lo de ‘abiertas’. Qué malo). Creced y multiplicaos, eso. Pero es que no me fío de los peluqueros italianos. Ya sé que es una tontería, porque los italianos se cortan el pelo y lo llevan bien, pero yo soy muy mía (sin mayúscula) para estas cosas. Según L tengo un sesto senso, y si tiene razón debería mantenerme alejada de las peluquerías de Bologna.
Después lo pienso un par de veces y me entran una ganas tremendas de cortarme el pelo corto, muy corto (a lo Winona Ryder). Y que sea lo que ese quiera. Pero acto seguido me doy cuenta de que a mí me gusta el pelo largo (para mí, claro), por eso siempre lo he llevado así.
Cara redonda. Gracias papá.
Mi flequillo ha pasado a ser un mechón de pelo que ocupa el lado izquierdo de la cara y al que muchas veces, estando en casa, mando de paseo con un gancho; el escalonado está perdiendo su personalidad; el color se sigue oscureciendo, como me pasa cada invierno. Llega a su punto álgido durante estos meses, cuando la lluvia y la época de exámenes me deniegan el acceso al sol; con abril-mayo llega el declive, llegan las ‘mechitas’ que tanto gustan a mi madre. “Así estás más mona”. Ejem.
Normalmente me suelo cortar el pelo unas tres veces al año. No soy de las que se dejan lo ganado en el pelo, ‘porque yo no lo valgo’. De hecho, le haga lo que le haga, él es como es. La cuestión es que desde enero no me lo he cortado, y dudo que lo haga antes de volver, es decir, antes de julio. 7 meses sin que la tijera salude a mis puntas, que claro, se procrearán (por lo de ‘abiertas’. Qué malo). Creced y multiplicaos, eso. Pero es que no me fío de los peluqueros italianos. Ya sé que es una tontería, porque los italianos se cortan el pelo y lo llevan bien, pero yo soy muy mía (sin mayúscula) para estas cosas. Según L tengo un sesto senso, y si tiene razón debería mantenerme alejada de las peluquerías de Bologna.
Después lo pienso un par de veces y me entran una ganas tremendas de cortarme el pelo corto, muy corto (a lo Winona Ryder). Y que sea lo que ese quiera. Pero acto seguido me doy cuenta de que a mí me gusta el pelo largo (para mí, claro), por eso siempre lo he llevado así.
Cara redonda. Gracias papá.
To Amsterdam
Vídeo del viaje desde Bologna hasta Amsterdam, pasando por Milán y Bruselas.
Dedicado a tí, nena.
Dedicado a tí, nena.
Lucky Woman
A pesar de que me considero una persona afortunada en términos generales, la suerte "puntual" no me hace muchas visitas. La última vez que llamó a mi puerta (concretamente a la bandeja de entrada de mi correo) fue hace aproximadamente una semana y me contó que me daba la posibilidad de asistir a una entrevista y a un live con Richard Ashcroft en MTV Italia. Ahora supongo que queda más claro lo de 'Lucky Woman', no?.


En la entrevista demostró ser un tipo humilde, natural y cercano a sus fans. Nada de exageraciones ni comportamientos típicos de una star. Menos mal.
En el live, aunque al principio parecía que se había fumado una canna de un metro, acabó entregándose con una 'Bittersweet Symphony' que hizo cantar hasta al regidor. Pero bueno, para qué contarlo si puedo enseñároslo?
'Thank you for let me be myself again'


En la entrevista demostró ser un tipo humilde, natural y cercano a sus fans. Nada de exageraciones ni comportamientos típicos de una star. Menos mal.
En el live, aunque al principio parecía que se había fumado una canna de un metro, acabó entregándose con una 'Bittersweet Symphony' que hizo cantar hasta al regidor. Pero bueno, para qué contarlo si puedo enseñároslo?
'Thank you for let me be myself again'
Frases Míticas V & VI
"Tinc veu de moc"
Dicho por: Lluís
Estado: Tedgo bogos.
"Ayer estabas cantando en la ducha. ¿Te oías?"
Dicho por: Sus
Estado: Recién levantada.
Dicho por: Lluís
Estado: Tedgo bogos.
"Ayer estabas cantando en la ducha. ¿Te oías?"
Dicho por: Sus
Estado: Recién levantada.
Desconocidos (él)
Esta es una pequeña parte del corto que estoy grabando y montando. Falta mucho más de la mitad, así que ya colgaré el resultado final.
Os presento a 'él'. A 'Ella' la dejo para más adelante.
Os presento a 'él'. A 'Ella' la dejo para más adelante.
Desconocidos
Closer es una película que me encantó (del verbo 'encantar' que según la RAE significa 'someter a poderes mágicos') ya la primera vez que la vi. Aunque me habían hablado poco de ella y lo poco no era muy bueno decidí tomarla prestada del videoclub. Y bingo, me absorbió. Algo me lo decía. Ayer la volví a ver y aunque esta vez fue en compañía el efecto mágico seguía siendo el mismo.
No sé si lo que más me cautivó fueron los propios personajes (a mi parecer muy acertados tanto en sí como en la interpretación), la historia, el montaje, la clase, el hecho de que una película tan "sexual" no muestre ni una sola imagen subida de tono, los diálogos o el beso que se dan Anna y Dan al principio de la película. Quizás sea esto último, sí.
He transcrito unos cuantos diálogos originales de la película, y aunque es muy difícil quedarse con uno sólo, haciendo un esfuerzo creo que elegiría este:
Dan: Por qué te marchaste?
Alice: Por un factor masculino.
Dan: Tu novio?
Alice: Más o menos.
Dan: Y lo dejaste así sin más?
Alice: Es la única forma de dejar. "Lo siento, ya no te quiero. Adiós".
Dan: Y qué pasa si aún le quieres?
Alice: No lo dejas.
Dan: No has dejado a nadie a quien querías?
Alice: No.
Otra gran verdad.
No sé si lo que más me cautivó fueron los propios personajes (a mi parecer muy acertados tanto en sí como en la interpretación), la historia, el montaje, la clase, el hecho de que una película tan "sexual" no muestre ni una sola imagen subida de tono, los diálogos o el beso que se dan Anna y Dan al principio de la película. Quizás sea esto último, sí.
He transcrito unos cuantos diálogos originales de la película, y aunque es muy difícil quedarse con uno sólo, haciendo un esfuerzo creo que elegiría este:
Dan: Por qué te marchaste?
Alice: Por un factor masculino.
Dan: Tu novio?
Alice: Más o menos.
Dan: Y lo dejaste así sin más?
Alice: Es la única forma de dejar. "Lo siento, ya no te quiero. Adiós".
Dan: Y qué pasa si aún le quieres?
Alice: No lo dejas.
Dan: No has dejado a nadie a quien querías?
Alice: No.
Otra gran verdad.
Las Reglas del Juego
Nunca me había planteado poner ningún tipo de "normas" o "reglas" en este blog. Simplemente ni se me había pasado por la cabeza. Me parecía tan absolutamente innecesario que no le encontraba sentido; pero me equivocaba.
Ante todo, este sitio no es un campo de batalla (en el peor sentido de la palabra). Si alguien se ha levantado con mal pie hay muchas otras formas de calmarse que lanzando blog-puñales.
La segunda cosa (de las más importantes, por no decir la más) es que quede claro que cada uno responde de sus comentarios. Es algo bastante obvio y creo que todos lo tenemos claro, pero por si acaso... eso. Lo que digo yo lo digo yo, no espero que otro me complete, no espero provocar ninguna reacción en cadena. El otro hablará por él, yo hablo por mí. Repito: obvio.
Lo tercero que me gustaría decir es que lo que no puede faltar nunca es el respeto. Es normal que en discusiones hayan distintos puntos de vista (no es normal, es necesario) que haya gente que se lo tome realmente a pecho y que esto provoque que se rocen los límites, pero el respeto es un requisito para postear. Sí o sí.
Yo no voy a decir quien puede hablar y quien no, evidentemente. De hecho me gusta que esto sea un sitio donde se intercambien opiniones (que es para lo que nació (después de la evaluación)) pero no donde la gente escribe un 'último post' jurando no volver a entrar porque le da a ésto más importancia de la que tiene. Y lo digo yo que soy la que escribo.
Pues eso. Haya paz, dialéctica, reciprocidad y buen rollo. Total...
Ante todo, este sitio no es un campo de batalla (en el peor sentido de la palabra). Si alguien se ha levantado con mal pie hay muchas otras formas de calmarse que lanzando blog-puñales.
La segunda cosa (de las más importantes, por no decir la más) es que quede claro que cada uno responde de sus comentarios. Es algo bastante obvio y creo que todos lo tenemos claro, pero por si acaso... eso. Lo que digo yo lo digo yo, no espero que otro me complete, no espero provocar ninguna reacción en cadena. El otro hablará por él, yo hablo por mí. Repito: obvio.
Lo tercero que me gustaría decir es que lo que no puede faltar nunca es el respeto. Es normal que en discusiones hayan distintos puntos de vista (no es normal, es necesario) que haya gente que se lo tome realmente a pecho y que esto provoque que se rocen los límites, pero el respeto es un requisito para postear. Sí o sí.
Yo no voy a decir quien puede hablar y quien no, evidentemente. De hecho me gusta que esto sea un sitio donde se intercambien opiniones (que es para lo que nació (después de la evaluación)) pero no donde la gente escribe un 'último post' jurando no volver a entrar porque le da a ésto más importancia de la que tiene. Y lo digo yo que soy la que escribo.
Pues eso. Haya paz, dialéctica, reciprocidad y buen rollo. Total...
Un Martedì Grasso
Ya es una constante dedicar parte de este blog a contar mis experiencias en los viajes que estoy haciendo aprovechando mi situación estratégica, y de todas las ciudades italianas faltaba una de las grandes: Venecia. Mi "primera vez" fue a principios de febrero, con una compañía inmejorable; mi segunda vez (con todo lo que ello implica) fue a finales del mismo mes. Ya véis, engancha.
De los 365 días que tiene el año hay uno en concreto en el que ir a Venecia se convierte en un sueño hecho realidad: el martedì grasso. Como la 'distancia' entre Bologna y Venecia es de tan sólo 7.90€ decidimos ir a pesar de haber dormido cuatro horas mal dormidas. Nada más salir de la estación de la (segunda) ciudad de los canales nos encontramos con una bienvenida un tanto colorida: cientos de personas pagaban para que les pintaran la cara y así ir en consonancia con la fiesta. A pesar de que se nos abalanzaron ofreciéndonos coloretes, purpurinas y piedras que simulaban ser preciosas, logramos no sucumbir y seguir dirección a San Marcos, donde iba a tener lugar el desfile de los disfraces, también conocido como "la passerella".
De camino nos cruzamos con niños, jóvenes y no tan jóvenes que, borrachos o no, escondían su identidad tras máscaras y disfraces. La verdad es que me encanta la filosofía de esta fiesta, donde nadie es nadie, donde nadie es todos, donde aquel podría ser yo. O tú.
Miles de personas abarrotaban la famosa plaza de las palomas (bautizadas por mí como 'pollos'), así que ver el espectáculo se ponía difícil. Después del desfile, donde no pude ver nada, los disfrazados bajaron y comenzaron a pasear entre todos los allí presentes. Saqué mi cámara y empecé a disparar. Después de que la batería me dejara tirada (fallo mío, eso sí), me 'apoderé' de la de L. En ese momento sentí que me transformaba en algo así como un paparazzi porque al segundo empujón que recibí decidí unirme a la actitud de la mayoría. Este año abandonar no es una opción.
Los disfraces eran tan distintos unos de otros y tan increibles que sería incapaz de quedarme sólo con uno. De hecho, me encontré con Batman, y aunque hacía bien el papel no me convenció tanto como otros, más clásicos, más de postal: las hermanas de azul, la pareja de argento, las rusas, la mujer de rojo, los 'minimalistas', el plumitas y el jardinero fiel. Y me dejo muchos. Me llamó la atención que gran parte de la gente que iba disfrazada (a lo grande) era francesa, aunque por haber había hasta japonesas. Y todos y cada uno de ellos cuidando al máximo cada pequeño detalle. Sobrecogedor. Tanto que hasta nos dió por imitarles: sucedáneo pero divertido.
De principio a fin me sentí del mismo modo: privilegiada.
De los 365 días que tiene el año hay uno en concreto en el que ir a Venecia se convierte en un sueño hecho realidad: el martedì grasso. Como la 'distancia' entre Bologna y Venecia es de tan sólo 7.90€ decidimos ir a pesar de haber dormido cuatro horas mal dormidas. Nada más salir de la estación de la (segunda) ciudad de los canales nos encontramos con una bienvenida un tanto colorida: cientos de personas pagaban para que les pintaran la cara y así ir en consonancia con la fiesta. A pesar de que se nos abalanzaron ofreciéndonos coloretes, purpurinas y piedras que simulaban ser preciosas, logramos no sucumbir y seguir dirección a San Marcos, donde iba a tener lugar el desfile de los disfraces, también conocido como "la passerella".
De camino nos cruzamos con niños, jóvenes y no tan jóvenes que, borrachos o no, escondían su identidad tras máscaras y disfraces. La verdad es que me encanta la filosofía de esta fiesta, donde nadie es nadie, donde nadie es todos, donde aquel podría ser yo. O tú.
Miles de personas abarrotaban la famosa plaza de las palomas (bautizadas por mí como 'pollos'), así que ver el espectáculo se ponía difícil. Después del desfile, donde no pude ver nada, los disfrazados bajaron y comenzaron a pasear entre todos los allí presentes. Saqué mi cámara y empecé a disparar. Después de que la batería me dejara tirada (fallo mío, eso sí), me 'apoderé' de la de L. En ese momento sentí que me transformaba en algo así como un paparazzi porque al segundo empujón que recibí decidí unirme a la actitud de la mayoría. Este año abandonar no es una opción.
Los disfraces eran tan distintos unos de otros y tan increibles que sería incapaz de quedarme sólo con uno. De hecho, me encontré con Batman, y aunque hacía bien el papel no me convenció tanto como otros, más clásicos, más de postal: las hermanas de azul, la pareja de argento, las rusas, la mujer de rojo, los 'minimalistas', el plumitas y el jardinero fiel. Y me dejo muchos. Me llamó la atención que gran parte de la gente que iba disfrazada (a lo grande) era francesa, aunque por haber había hasta japonesas. Y todos y cada uno de ellos cuidando al máximo cada pequeño detalle. Sobrecogedor. Tanto que hasta nos dió por imitarles: sucedáneo pero divertido.
De principio a fin me sentí del mismo modo: privilegiada.
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