El ojo del ciclón

El parpadeo de las luces del módem encaja a la pefección con las corcheas de la track 9 del Ghost I. Azcona ha muerto, me he encontrado un post que hablaba de una joya que me regalaron y me he emocionado. Además, he pensado en algo que podré utilizar en el trabajo de Avid para Carnicero. Al fin y al cabo, cada día pasa, sin pena ni gloria, pero con algún que otro destello que le da color.

¿Cuánto pueden llegar a ser angustiosas unas notas sacadas de una cuerda triste? Aunque el post se vista de gris y a pesar de llevar varios días sin pisar la calle, no estoy realmente triste. Soy más bien como una veleta que no responde a la madre rosa de los vientos. Y de grises hablaban hoy en el tiempo porque han dicho que se acerca una borrasca como para que nos contruyamos todos un búnker, cerremos la puerta y soltemos a los perros.

La única nube negra que yo conozco se va el domingo, así que puede que, efectivamente, descargue algo de agua antes de irse. De hecho, estoy segura de que lo hará. A todos nos gusta que nuestro grupo favorito haga un bis, que nuestro equipo marque en el 91 y que lo que queda en la botella nos quite la sed. Las despedidas a lo grande, ande o no ande.

H2CO3

Vuelvo del norte en un estado semifebril que sólo me deja fuerzas para pasarme el último día festivo viendo películas desde mi sillón orejero y reclinable. Para eso y para pensar en el proyecto que tengo que tener preparado el 12 de abril.

El autocontrol es algo que aprendí cuando iba a 5º de primaria. Recuerdo, como si fuera ayer, un examen de valenciano en el que, para mi mente, jugadora de alguna que otra mala pasada, toda mi vida estaba en juego. Y es que es increible las consecuencias físicas que puede tener un problema mental, una preocupación, una mañana que te has levantado con el pie izquierdo (nunca le he encontrado sentido a esta expresión). Se te cae el pelo de las cejas, la comida no te entra, no consigues conciliar el sueño y eso te produce un dolor de cabeza que parece no querer rendirse.

Y la solución no es otra que la de mudar todo esto a otro sitio, llevarlo fuera de tí, hablar con alguien, vaya. Lo conviertes en algo más real, sí, vale, pero muchas veces, y no sólo para los diagnósticos, una segunda opinión es clave. No en plan House, que ahora no podría soportarlo. Hasta que vaya a comprar bicarbonato, sólo tolero un nivel bajo de acidez. Me lo ha prescrito el médico.

Entre fantasmas

No entiendo porque me huelen las manos a la dorada que he comido para cenar si he utilizado el tenedor. Supongo que la cena de mi abuela, que antes también vivía en el mar, habrá contribuido a timar a mi olfato y, por tanto, a mí. Ver cocinar a mi abuela me llena (metafóricamente y no).
Lo que anoche me olía a pescado, pero pasado, era la sonrisa de Acebes en el balcón de la calle Génova. El corte de pelo de Pío García Escudero y los efectos que éste me producía no se me pasaron por alto a pesar de que su intervención superó con creces la de un Mariano dolido y con el tiro, que acababa de salir de la culata, incrustado en el corazón. Me supo mal por su mujer, la verdad, cuando le regaló aquel abrazo abatido pero bien dispuesto. Pero bueno, en su momento me supo peor por Gallardón -quien espero que un poco celebrara lo de anoche-. 1 + 1 no son 7, sino 2. Y un 1 a 1 es un empate.
Yo hoy me quedo con la dorada y entre fantasmas. A ellos, la medalla de plata.