Si una cosa me han dejado clara los hermanos Coen con su última película es que son capaces de retratar ambientes como nadie. Y digo ambientes, que no es poco.Anoche, viendo la película, me vino una duda. Me pregunté cual sería el momento en el que el primer recuerdo que tengo de mi padre (ejercicio que va gradualmente de "nada fácil" a "imposible") se colocará paralelo a una situación que esté viviendo yo. Es decir, ¿cuándo estaré viviendo una situación exactamente igual a una que vivió mi padre y de la que yo mantengo el recuerdo? Por muy complicado que suene, es obvio que eso no podrá suceder hasta que yo no tenga hijos. El hecho de que nuestra relación sea de padre a hija y viceversa así lo quiere.
No sé por qué me intriga, pero lo que sí sé es que el día de la marmota va a llegar a su fin y las cascadas se van a descongelar porque su naturaleza es más fuerte que sus circunstancias y el frío siempre pasa. Y si me corre prisa me paso horas delante de ella con un soplete del tamaño de un camión.



Volvemos a ser tres en casa. Mi nueva compañera de piso es una parisina llamada Cyrielle que pasa sus días en Bologna escribiendo su tesis de final de carrera. Ha estudiado Historia pero no parece haber quedado muy satisfecha. Quizá sea una excusa para poder empezar algo de nuevo, esta vez en tierras italianas.